No es de extrañar que durante siglos los cristianos de Europa se dirigiesen a este centro espiritual que contenía la esencia y el misticismo que tan sólo un pueblo como el gallego es capaz de trasmitir. El pueblo gallego vive en una tierra bendecida por Dios y buscada por los hombres como a "terra do agarimo". Quienes no son gallegos se sienten en un mundo distinto, que atrapa, los gallegos cuando salen de su tierra sienten esa "morriña" que no es otra cosa que su deseo de volver a un mundo que deja de ser material para fusionarse con el espiritual. El gallego no muere, sino que deja la materia física para seguir en su tierra recorriendo las "corredoiras" en espíritu para no dejar el paraiso de su tierra.
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